Saltar al contenido
Victoria Inaudi
Todos los poemas

¿De qué color soy?

Soy blanco. Y también soy negro. Soy la luz que revela y la sombra que no se arrodilla. Soy blanco y negro, porque hay momentos en que la duda es un velo sobre la sangre, una niebla sobre el destino, una forma silenciosa de traicionarse para no incomodar al mundo. No vine a diluirme en lo cómodo, en los matices del gris que todo lo suavizan y nada transforman. No vine a ser aceptable, ni a limar mis bordes para caber en la mirada de otros.

No vine a ser tal vez. ¡Vine a ser!

Soy raíz y vuelo, tierra que no olvida su origen, ala que no pide permiso al cielo. Soy la voz que no se quiebra aunque el viento la desafíe, el paso firme sobre la cuerda floja de un mundo que tiembla ante sus propias decisiones. Soy determinación. Y no me desvanezco. No negocio mi alma por pertenecer, ni cambio de forma para merecer un lugar. Mi luz no se disculpa. Mi sombra no se esconde. Ambas me habitan, ambas me nombran, ambas sostienen la verdad de quien ha dejado de huir de sí misma. No vine a ser mitad de nada, ni a vivir con el corazón suspendido en el umbral de todas las posibilidades. Hay elecciones que nos fundan, verdades que nos exigen, caminos que solo se revelan cuando dejamos de retroceder. Yo vine a ser sí o no. Principio y final. Vida y muerte. Todo o nada. Con la dignidad intacta de quien conoce el precio y, aun así, no se vende. Porque hay grises que son sabiduría, pero también hay grises que son miedo disfrazado de prudencia, renuncia vestida de equilibrio, silencio fingiendo ser paz. Y yo no quiero esa paz que me exige abandonarme. Prefiero el incendio que revela lo esencial, el hielo que preserva lo inviolable, la pasión que no pide perdón por arder con su propia fuerza. Pero nunca, nunca la ceniza tibia de quien se consumió intentando ser lo que no era. Soy blanco y negro. No porque ignore la complejidad del mundo, sino porque he aprendido que comprenderlo todo no significa renunciar a elegir. Que no toda verdad admite concesiones. Que no toda puerta merece ser cruzada. Que no toda pertenencia vale el precio de dejar de pertenecerse. Y si el mundo insiste en preguntarme de qué lado estoy, no buscaré refugio en la bruma ni esconderé mi nombre entre matices. Miraré de frente. Con la luz en los ojos y la sombra en paz. Porque no he venido a ser comprendida por todos, ni a encontrar en cada mirada un lugar donde descansar. He venido a habitarme entera, a sostener mi verdad incluso cuando me deje sola, a caminar sin traicionarme aunque el camino se estreche. ¿De qué color soy? Soy blanco. Soy negro. Soy la certeza de quien ha atravesado la duda y ya no necesita disfrazarla de destino. Soy el contraste, el límite, la elección. Soy la llama que no negocia su fuego. Y si para pertenecer tuviera que dejar de ser, prefiero el mundo entero en contra antes que vivir en guerra conmigo misma. Porque no vine a confundirme con el paisaje. Vine a dejar mi huella.

— Victoria Inaudi